Javier MoralesVIEW PROFILE →
Centros de datos de inteligencia artificial en España: la verdad sobre el agua, la luz y el empleo
El debate sobre los centros de datos de inteligencia artificial mezcla tres grandes alarmas: agua, electricidad y empleo. Separo los mitos de la realidad y explico cómo esta discusión marcará la regulación energética y el futuro del trabajo en España.
Llevo tiempo explicando en mis artículos cómo la inteligencia artificial deja de ser una promesa lejana para convertirse en algo muy físico y tangible. Y pocas cosas lo demuestran mejor que los centros de datos, esos enormes edificios llenos de servidores que hacen posible cada respuesta de un chatbot, y que en España se han convertido en el epicentro de un debate tan intenso como necesario.
En las últimas semanas, la conversación pública sobre estos centros de datos ha subido de tono, y no me extraña, porque toca cuestiones que nos afectan a todos. El problema es que a menudo se mezclan tres alarmas distintas, el consumo de agua, el consumo de electricidad y la destrucción de empleo, y creo que vale la pena separarlas para entender qué es mito y qué es realidad.
El agua y la luz, en el centro del debate

Empecemos por los recursos, porque es donde más ruido se genera y donde más fácil resulta caer en el alarmismo o, al contrario, en la negación. Es cierto que los grandes centros de datos necesitan mucha electricidad para funcionar y bastante agua para refrigerar sus servidores, y por tanto es legítimo y sano que la sociedad exija transparencia sobre cuánto consumen realmente.
Sin embargo, la clave está en el matiz y en los datos concretos, no en las cifras lanzadas al aire para asustar o para tranquilizar. No todos los centros de datos son iguales, ya que muchos de los más modernos utilizan sistemas de refrigeración mucho más eficientes y buscan ubicaciones y tecnologías que minimicen tanto el gasto de agua como la huella energética de sus instalaciones.
Mi posición, como siempre, es la de pedir rigor por encima del ruido, porque este es precisamente el tipo de debate que va a marcar la futura regulación energética del país. En lugar de demonizar o idealizar estas infraestructuras, lo inteligente es exigir métricas claras, incentivar la eficiencia y asegurar que su crecimiento sea compatible con nuestros objetivos climáticos y con el bienestar de la población.
El impacto real sobre el empleo
La tercera alarma, la del empleo, es quizá la que más nos toca a nivel personal, y aquí los números invitan a una reflexión serena pero honesta. Según distintos análisis, la inteligencia artificial podría afectar en España a entre 1,7 y 2,3 millones de puestos de trabajo en un horizonte de diez años, aunque esa pérdida se vería compensada en parte por la creación de nuevas ocupaciones.
Estos datos no deben leerse como una sentencia apocalíptica, sino como un aviso para prepararnos con tiempo y cabeza. Las tareas automatizables están creciendo a un ritmo cercano al 43 por ciento anual, y la adopción de la inteligencia artificial ha dado un salto enorme, pasando de alrededor del 55 por ciento en 2022 hasta cerca del 88 por ciento en 2025 en muchos ámbitos.
Ahora bien, conviene recordar que no todos los trabajos están igual de expuestos, y esto es una noticia esperanzadora que suelo subrayar. Los sectores que dependen de la empatía, la creatividad o los juicios complejos, como la sanidad, la educación o los servicios sociales, son mucho menos automatizables, lo que nos recuerda que el valor de lo humano no desaparece, sino que se vuelve aún más importante.
En el tejido empresarial, la fotografía también es reveladora, porque a comienzos de 2025 en torno al 21 por ciento de las empresas con diez o más empleados ya utilizaba al menos una tecnología de inteligencia artificial. Esto significa que la transformación no es un asunto de futuro lejano, sino algo que ya está ocurriendo en oficinas, fábricas y comercios de toda España en este mismo momento.
Cómo prepararnos para lo que viene
Ante este panorama, mi mensaje nunca es de miedo, sino de preparación, porque tenemos margen para gestionar bien esta transición si actuamos con inteligencia. Iniciativas como el Plan Nacional de Competencias Digitales, que impulsa la formación desde la escuela hasta la recualificación de trabajadores, son exactamente el tipo de herramientas que necesitamos para que nadie se quede atrás.
La clave, en mi opinión, está en acompañar el avance tecnológico con políticas valientes, tanto en el terreno energético como en el laboral. No se trata de frenar la inteligencia artificial, algo que además sería imposible, sino de dirigir su desarrollo para que sus enormes beneficios se repartan y sus costes, en agua, luz o empleo, se gestionen de forma justa y transparente.
Al final, creo que este debate sobre los centros de datos es en realidad un debate sobre qué clase de futuro queremos construir con esta tecnología. Yo seguiré separando los mitos de los hechos y contándooslo con rigor, porque solo desde el conocimiento, y no desde el miedo ni desde la euforia, podremos tomar buenas decisiones sobre algo que ya forma parte de nuestras vidas.






